martes, 23 de septiembre de 2014

Haz la guerra a la incredulidad. Devocional John Piper 29/09

 

Filipenses 4:6 "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias"

 

Cuando estoy ansioso porque me hago mayor, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 46:4 que dice: "Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré".

Cuando tengo ansiedad por la muerte, lucho contra la incredulidad con la promesa de Romanos 14:7-9: "Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven".

Cuando tengo ansiedad porque pueda naufragar en la fe y apartarme de Dios, lucho contra la incredulidad con las promesas de Filipenses 1:6 "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" y de Hebreos 7:25 "puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos".

Hagamos la guerra, no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que, a su vez, es la raíz de tantos otros pecados. Encendamos los limpiaparabrisas y utilicemos el líquido limpiacristales, fijando nuestros ojos en las preciosas y muy grandes promesas de Dios.

Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, pongamos las promesas en el corazón, y peleemos la buena batalla de la fe, para vivir por fe en la gracia venidera.

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