sábado, 15 de julio de 2017

Meditaciones Puritanas - Reflexiones sobre Cristo

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En Cristo no hay solo suficiencia, sino una cierta redundancia que es como el desbordar de un río.

Cristo nunca se siente como algo dulce hasta que el pecado se siente como algo amargo, y no es descanso hasta que el hombre siente que el pecado es una carga.

La tentación para Cristo, era como lanzar un gancho en un espejo, que no se queda agarrado. Su vida era más pura que los rayos de sol.

Si estamos en Cristo mientras vivimos, iremos con Cristo cuando muramos. La unión es el fundamento de este privilegio, por tanto hemos de estar en Cristo antes de estar con Cristo.

La plenitud que está en Cristo es como la luz en el sol; habita allí, y nunca falta. Las riquezas de la deidad están en Él, y la comunicación de su bendita plenitud es lo que satisface el alma.

Jesucristo es una bendición incomprensible. Todo lo que Dios pueda requerir como satisfacción o lo que podamos necesitar para salvación, se encuentra en Cristo. Su nombre es la música más dulce para el oído cristiano, y su sangre el bálsamo más precioso para el corazón de sus seguidores.

Cristo murió por nuestra promoción; sufrió para que nosotros podamos reinar. Se colgó de la cruz para que nosotros podamos sentarnos en el trono; su crucifixión es nuestra coronación.

En la muerte de Cristo, "las rocas se partieron" (Mateo 27:51). El no verse afectado por el amor de Cristo al morir, es tener un corazón más duro que las rocas.

Cuando las flechas de la oración de un santo se ponen en el arco de la intercesión de Cristo, estas penetran los mismos cielos. Fue amor en Dios Padre enviar a Cristo, y amor en Cristo que viniese a encarnarse. Cuando Cristo asumió nuestra naturaleza humana, fue tanto una obra maestra de sabiduría como un monumento a la gracia libre.

Cristo es tal mina de oro de sabiduría, gracia y gloria, que ni los santos ni los ángeles podrán jamás agotar su profundidad; hay tanto dulzura como plenitud. Un cristiano no necesita lo necesario, en Cristo tiene riquezas inescrutables.

La divinidad al completo sería algo terrible de contemplar. No podríamos verla y vivir; pero Jesús, al revestirse con humanidad, hace que la naturaleza divina sea algo hermoso y encantador de contemplar.

Cristo endulza todas nuestras comodidades, y santifica todas nuestras cruces.

Un mendigo puede contemplar la gloria de un rey y no ser feliz; pero la gloria de Cristo será nuestra "seremos semejantes a Él" (1 Juan 3:2).

El pan satisface el cuerpo; del mismo modo Jesucristo, el Pan de Vida, satisface el alma: Satisface la mente con confianza, el corazón con afecto, y la conciencia con paz.

Thomas Watson (1620 – 1686), Puritan Gems






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